En el mundo de la investigación sobre productividad laboral y procesos organizaciones se habla de la “paradoja de la productividad”, un fenómeno que ocurre en las organizaciones o en el uso individual de la tecnología y provoca retrasos por el uso de ésta sin aprovechar sus posibilidades reales, lo que representa un obstáculo para la productividad en lugar de una ventaja. Se trata, concretamente, de un desfase y hasta un retroceso de productividad ocasionado por la subutilización de los recursos tecnológicos o las dificultades para comprenderlos y aplicarlos en el trabajo diario.
Para ejemplificar: una persona tiene una gran computadora de última generación, los mejores programas de software y los mejores dispositivos a su disposición, pero sólo los utiliza en la forma más básica y mediante métodos obsoletos que corresponden más a una oficina tradicional que a una digitalizada. Un ejemplo clásico es el uso que se da a la computadora como una simple máquina de escribir, sin aprovechar todas las funcionalidades que nos ofrece para sistematizar, organizar, acortar procesos, colaborar, producir en menos tiempo e integrarnos a sistemas más amplios y redes de trabajo.
En este contexto, las herramientas para la ofimática o automatización de la oficina son las herramientas idóneas para iniciar un flujo de tecnologización de los procesos que ha de concluir en la digitalización de la organización. Estas herramientas son sin duda recursos que debieran generar la evolución de los procesos y permitirnos integrarnos a los sistemas que la sociedad de la información impone en la productividad laboral, ya sea al interior de las organizaciones o en el contacto con otras instancias, como pueden ser colaboradores, proveedores, clientes o fuentes de información.
Entre otras herramientas, destacan:

•    Las herramientas para el procesamiento o tratamiento de textos.
•    Las herramientas para la presentación o exposición de datos e información.
•    Los gestores de bases de datos.
•    Las utilerías o utilidades de apoyo, como las agendas, las calculadoras y los calendarios.
•    Los llamados “clientes” de correo electrónico, programas que permiten al usuario gestionar en su propia computadora su sistema de correo.
•    Las aplicaciones de mensajería y correo de voz.
•    Las herramientas de reconocimiento y síntesis del habla.
•    Las suites ofimáticas, paquetes que integran las herramientas básicas para el trabajo de oficina.

La competencia en el uso de todas estas herramientas es sin duda el requisito fundamental para integrarlas en un modelo ofimático que potencie el trabajo mediante la tecnología. Pero no basta con saber usarlas, también es menester partir de modelos de trabajo y métodos que las consideren como principales instrumentos de productividad. El Curso de Métodos y Herramientas de Ofimática tiene ese propósito: desarrollar competencias tanto metodológicas como tecnológicas para desterrar la paradoja de la productividad.

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