Siguiendo en el tema del enfoque de la alternatividad en la comunicacion, concluiremos hablando un poco sobre el "desarrollo de medios", una actividad que Internet nos facilita enormemente en su estado actual, cuando aún tenemos a nuestro alcance código libre y servicios gratuitos. En la Web —el rostro más amable de la Internet— podemos construir canales de radio, de video y de TV en "streaming"; podemos crear revistas, periódicos, completas editoriales y hasta complejas organizaciones de comunicación. Y todo con mínimos recursos.

Sólo que no debemos olvidar el principio fundamental, ya señalado por Máximo Simpson, incluido en la tercera entrega de esta serie:

“El meollo de la alternatividad no está tanto en el carácter físico del medio sino en su capacidad para emitir con posibilidades de retroalimentación un mensaje de interés colectivo y que contribuye al bien social. El contenido es la piedara de toque de la alternatividad. Sin discurso alternativo no hay medio alternativo, que en cuanto a la elección de temas, su clasificación y su tratamiento debe ser abierto y antiautoritario”


Hablando de comunicación en la sociedad civil, no puede dejar de mencionarse la importancia del enfoque en la aplicación de las estrategias y la elección de los instrumentos. En ese sentido, en beneficio del bien comunitario y en pro de una socialización de la información, debería reiterarse constantemente el ejercicio de una comunicación “alternativa”, tanto por sus contenidos como por sus instrumentos.

Sobre alternatividad, las comunidades libres de Internet nos dan importantes lecciones: el movimiento del software libre, que reúne a cientos de miles de programadores que diseñan aplicaciones para el uso público; el movimiento del open acces, conformado por decenas de miles de científicos que ponen sus productos de investigación al alcance de cualquiera; el movimiento del open learning, que se plantea la construcción de recursos educativos en línea para el intercambio público… y muchos otras iniciativas que poco a poco iremos conociendo en Paradigmas Complexus.


El caso Wikileaks, que exhibe mundialmente las corruptelas de la diplomacia estadounidense y los gobernantes de todo el orbe sometidos a su influencia, ha venido a demostrar el poder de la información en manos de la sociedad. Wikileaks es una de esas iniciativas de la comunidad libre de Internet, no lucrativas, construidas en colectivo y dirigidas a empoderar al ciudadano de a pie. Es sin duda una muestra incuestionable de los beneficios de socializar el manejo de la información y los medios para distribuirla.

Con este "escándalo", hoy por hoy adquiere vigencia la consigna de los magnates del periodismo: “Información es poder”. Gran verdad que la sociedad civil organizada debiera asumir para plantearse una interrogante de suma importancia: ¿Cómo obtenerlos —la información y el poder que ésta da— cuando no se manejan los hilos de la economía, cuando se forma parte de la gran masa despojada, cuando los ciudadanos comunes ni siquiera pueden soñarse dueños o contralores de los medios de producción, cuando son parte de la mayoría en desventaja y ni siquiera poseen los recursos materiales suficientes para desarrollar sus proyectos más mínimos para la sobrevivencia?

La sociedad civil organizada debiera responderse a esta interrogante proponiendo y asumiendo la construcción de un nuevo enfoque de comunicación, la “Comunicación Alternativa”, basado en principios, estrategias, objetivos e instrumentos que lleven a la sociedad civil en su conjunto a un ejercicio pleno del derecho a comunicar y, por consecuencia, de lo que en México llamamos “garantías individuales y sociales”.


Allá por los setenta, los gobiernos de algunos de los países en vías de desarrollo emprendieron una cruzada ante la organización de las Naciones Unidas (ONU) para reformar el orden económico internacional. Buscaban favorecer a sus sociedades en el desigual reparto de la riqueza del orbe y trataron tímidamente de conducir los mecanismos de la economía mundial para que sus beneficios incluyeran al Tercer Mundo.

Conocido entonces como “Nuevo Orden Internacional”, este proyecto abortó antes de nacer porque desde su concepción era una falacia: sus promotores, los poderes nacionales, ya desde entonces auxiliaban de lleno en la gestación del proyecto neoliberal que hoy depreda al planeta, este sí un verdadero nuevo orden al que nadie ha podido escapar.

Henos aquí, décadas después, envueltos por la globalización del mercado, presas de la más feroz etapa del capitalismo posindustrial; henos aquí a los latinoamericanos, pobres entre los pobres, con nuestras sociedades cayendo sin freno en el abismo de la “exclusión”, esa condición socioeconómica y casi existencial de no ser nadie por vivir al margen del consumo y la producción.

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