Para todos los que hacemos un uso intensivo de la Internet como proveedor de recursos de conocimiento, las páginas y portales institucionales bien organizados y ricos en información constituyen una veta invaluable. En ese sentido, desde el nacimiento de la Web misma, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha destacado por sus valiosos aportes en análisis, bases de datos, informes, imágenes y hasta en lo que respecta a la promoción del software libre, uno de los pilares que posibilitan la construcción de una sociedad más igualitaria, cuando menos en el entorno de la Red de Redes.

No olvidamos cómo hace unos pocos años (algo más de un lustro) las oficinas regionales comenzaron a implantar el uso del Content Manager System Joomla —de código abierto— como software obligatorio para la construcción de sus plataformas de comunicación on line. Una decisión que sin duda ahorró ayudó a fortalecer las finanzas de la institución al evitar el pago de aplicaciones propietarias, pero que sobre todo puso a la vanguardia a la ONU como impulsora de la construcción de la utópica sociedad del conocimiento.


¿Por qué leer la obra de Lessig? Aparte de ser el creador de uno de los más importantes sistemas de licencias libres para productos culturales (el sistema Creative Commons, de aplicación jurídica en varios países), porque sus reflexiones nos ponen en el centro de la discusión sobre la gratuidad, apertura y socialización de la Internet o su apropiación por los grandes corporativos, la prohibición de desarrollo en su entorno para quienes no sean propietarios de código y su elitización basada en el poder adquisitivo.

En otras palabras: porque leer a Lessig nos pone en la ruta de la discusión sobre uno de los principales recursos para la construcción de la sociedad del conocimiento y nuestro posicionamiento, como países subdesarrolados (o emergentes, según el gusto y tendencia), en el desarrollo tecnológico, ya sea como usuarios o como creadores con derecho sobre lo creado en los ámbitos "informacionales".


Hace unos días la empresa desarrolladora de software Microsoft ha anunciado su propiedad sobre la patente de “Legal Intercept”, una tecnología de espionaje en Internet que permite al poseedor interceptar y monitorizar legalmente llamadas de voz y video de cualquier usuario de Skype, el más importante servicio de VoIP, telefonía y videoconferencia por Internet.

Skype, hay que recordarlo, fue adquirida en el mes de mayo de 2011 por la transnacional de Gates en algo más de 5 mil millones de dólares. La compra generó ácidos debates sobre los propósitos del multimillonario al apropiarse de una empresa que no generaba utilidades (en el 2010 presentaba pérdidas mensuales de 4 millones de libras), aunque se había posicionado como la proveedora más importante de software gratuito de videoconferencia y telefonía a escala mundial. ¿Por qué?


¿Quién es Richard Stallman, además de presidente de su propia fundación?

Richard Stallman es un importante científico y catedrático del Massachusetts Institute of Technology (MIT), el centro de investigación tecnológica más importante del mundo junto con el CERN de Europa (donde se trabaja con el gran colisionador de protones).

Pero no sólo eso: Stallman es un comprometido militante de las causas sociales desde su trinchera, la investigación científica. Cocreador del sistema operativo Linux (el dolor de cabeza de Windows) junto con Linus Torvald, Stallman, a través de su fundación, provee con recursos de conocimiento a grupos y comunidades de muchos países en desarrollo. Gracias a él y los hackers que le rodean muchos desarrollos importantes de software ven la luz para posteriormente sumarse a la fila de programas y aplicaciones que sirven a la socialización del conocimiento.


Creative Commons (CC) es el nombre de una licencia, pero también de un sistema, de un movimiento y de una comunidad. Es, digámoslo con total simpleza, un instrumento que nos permite gozar legalmente de las obras de los creativos para redistribuirlas, utilizarlas públicamente, crear productos derivados con ellas, intervenirlas y hasta hacer negocios, si el autor lo acuerda así con nosotros.

Así como hay licencias GPL (General Public Licence) para convertir en "libre" y gratuito un software, hay licencias CC para liberar las creaciones de artistas e intelectuales y hacerlas llegar gratuitamente a los consumidores. El abogado estadounidense Lawrence Lessig es el creador de esta importante iniciativa dentro de las comunidades libres de Internet. Frustrado porque las licencias existentes para "liberar" el uso de un producto existían solamente en el ámbito del software libre, Lessig se dio a la tarea de construir todo un sistema que permitiera licenciar públicamente también las creaciones de los músicos, de los escritores, los dramaturgos, los pintores, los diseñadores; toda una pléyade de creativos cuyos "derechos de autor" sólo podían ser gestionados a través de los canales tradicionales, establecidos para el provecho de los intermediarios y las grandes industrias culturales.


A finales de 2004, en coedición con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Metadata publicamos el Manual de Prospectiva Política de la doctora Guillermina Baena Paz. Se trataba del primer libro electrónico de esta importante catedrática e investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, con un largo historial en publicación de obras impresas y formación de generaciones enteras de administradores públicos, latinoamericanistas y comunicólogos.

Desde el primer momento la obra tuvo una amplia acogida en el medio académico. Muy pronto diversas instituciones educativas comenzaron a distribuirlo entre sus alumnos como libro de texto y manual básico para el aprendizaje de la Prospectiva. La obra había sido publicada en varios formatos —papel, CD e Internet— por lo que se posibilitó el acceso a la misma de muy diversas formas. Tan sólo en su versión Web, desde hace seis años miles de personas lo han descargado sin pagar un solo centavo por él.


Para todos los que alguna vez hemos abrevado en las fuentes del pensamiento no violento (Gandhi, Lanza del Vasto, Tolstoi, Luther King, Gene Sharp, Adolfo Pérez Esquivel) no deja de ser un regalo toda reflexión escrita sobre las posibilidades del ser humano para llevar su vida en sana paz, a favor de sí mismo y de los otros en términos de igualdad, con dignidad y sin ceder un ápice en los derechos de cada cual.

A partir de las valiosas enseñanzas de estos gigantes de la historia surgen mil y una preguntas cuyas respuestas solemos convertir en máximas axiológicas de aplicación concreta. Podemos preguntarnos, por ejemplo, "¿es posible una sociedad en la que no se mate?". Interrogación profunda que la realidad cotidiana nos responde una y otra vez negativamente. Tal vez, pero pese a ello nosotros mismos podemos construir la respuesta afirmativa para refutar a esa realidad que nadie nos dio a escoger, cuando menos desde lo más profundo del sentimiento utópico y la intimidad de nuestras aspiraciones, que ya es mucho decir.

Y es precisamente esa interrogante la que da título a un interesante libro que nos presenta como propuesta central la transformación de la Ciencia Política en un instrumento para la construcción de una sociedad más que no violenta, una sociedad que se niegue a matar.


Los ciudadanos del siglo XXI arribamos a un nuevo milenio tras la culminación de una centuria marcada por el mayor y más veloz avance de la tecnología en toda la historia humana, así como por el ascenso de un nuevo bien de capital que se constituyó como el más fuerte e importante elemento de desarrollo en los países de economías avanzadas: la información.

La omnipresencia de este nuevo bien dio lugar a lo que se ha dado en llamar “sociedad de la información”. Es éste un concepto y calificativo de sobra impugnado y en exceso enaltecido que no puede pasarse por alto en toda reflexión sobre el fortalecimiento o el debilitamiento de los grupos sociales, constituidos como comunidades, como naciones o como sociedades.


En el orden internacional que hoy rige al mundo las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) descuellan como el principal instrumento del desarrollo y la globalización. No hay rincón del planeta que pueda escapar de ese contexto: país sin tecnologías informacionales, país con mayores posibilidades de estancamiento económico y social.

En su enorme complejidad, las NTIC son recursos esencialmente contradictorios pero integradores. Conformadoras de lo que se ha dado en llamar “Sociedad de la Información”, estas herramientas y técnicas son enaltecidas por sus defensores como instrumentos definitivos y únicos para el desarrollo humano; opinión muy contraria a la de sus detractores, quienes las condenan como herramientas de control y principales causantes de la sistematización compleja y globalizada del capitalismo postindustrial.


Es un hecho irrebatible: en todo el mundo existe y opera exitosamente un amplio tejido de redes de acción científica y social al margen de las imposiciones de la gran economía y los controles gubernamentales. A través de ellas grupos y personas consolidan los pilares de la convivencia y, hasta con sus propios recursos, contribuyen en la mayoría de los casos a la equitativa redistribución de la riqueza social y material de sus sociedades. Quienes activan y posibilitan estas redes son, entre otros, individuos, empresas, sociedad civil organizada, universidades, iglesias progresistas e instituciones públicas y privadas. En la mayoría de los casos son redes conformadas en la pluralidad, la tolerancia y la conciliación de lo diverso.

Llevadas sus acciones hacia el terreno de lo comunicacional, en la confluencia de estas redes queda a la vista la construcción de alternativas para la apropiación social de la información, principal bien de capital en el mundo actual. Recurren para ello al desarrollo de medios accesibles por igual a individuos y a grupos, que sin requerir de significativas inversiones (incluso con mínimos recursos materiales y económicos) logran lo que en otros momentos de la historia sólo fueron aspiraciones fuera de su realidad: el desarrollo de los propios medios de información masiva y de comunicación.

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