Los mapas conceptuales ocupan un lugar más que destacado dentro del gran territorio de la Esquemática como disciplina auxiliar del aprendizaje, la enseñanza y la transmisión sistematizada de los saberes. Instrumentos para el abordaje complejo de la información, poseen un modelo de construcción que los convierte en una panacea para abordar casi cualquier clase de conocimiento.

Los mapas conceptuales fueron presentados como instrumentos didácticos modelados por Joseph D. Novak en 1972, en el marco de un programa de investigación sobre divulgación de la ciencia entre los niños. Basándose en las teorías del aprendizaje significativo de David Ausubel, el profesor emérito de la Universidad de Cornell se dio a la tarea de construir una herramienta que, de una forma “significativa” (es decir, obteniendo significados cercanos a la propia realidad y al saber prexistente en el sujeto que conoce), permitiera al individuo apropiarse de los conceptos y sus relaciones sin tener que recurrir a la memorización. Pretendía obtener un instrumento de productividad intelectual que además mostrara visualmente al cognoscente las derivaciones desde un concepto hacia estructuras conceptuales mayores que incluso pudieran llegar hasta sistemas completos de conocimiento.


Con el surgimiento de Anonymus, red de hackers "revolucionarios" en pro de la transparencia de los estados que componen al mundo, saltó a la palestra uno de los fenómenos más anunciados de la Sociedad Red: la Revolución convertida en movimiento virtual, en acción desde los bits, con la posesión del código como mejor arma para contratacar los embates del poder, llámese como se llame... gobierno, empresa, clase, élite... Su presencia comenzó, sin ser explícita, desde la organización de los foros sociales, y tomó un rostro más definido con la defensa del fundador de Wikileaks.

Nada nuevo, ciertamente, pues lo que antaño conocimos como "movimientos" de activismo revolucionario muy pronto se trasladaron a la Red de Redes una vez que la Web tomó la posición de espacio público. Pero ahora aquellos que fueron los primeros en tomarlo, los hackers, son quienes lo abren de manera definitiva al ejercicio del ciudadano común. Las herramientas: la Web misma, el software libre, las licencias libres y "el código" convertido en un bien público; una por una contribuciones de jóvenes y viejos científicos de la información que creen en un mundo pleno de igualdad, libertad y fraternidad: los mismos hackers. Y todo ello es lo que hace posible el uso de la Internet como terreno de la acción social, muy a pesar de las desfasadas legislaciones de los estados nacionales y del gran Estado transnacional llamado "mercado".


Extenso reportaje sobre el "smartphone" como herramienta ubicua y universal que abre las puertas a la digitalización completa de la vida cotidiana. Los datos que nos aporta este trabajo son de enorme utilidad para comprender la necesidad de formarnos en la mayor medida de lo posible tanto en el uso instrumental de las nuevas tecnologías de la información, como también en las metodologías y nuevas teorías que dan sustento a la sociedad de la información y las nuevas formas de intercambio de conocimiento.

Cita el autor del texto a expertos que consideran al smartphone como la puerta de ingreso a una nueva civilización, donde la vida cotidiana en su totalidad estará regida por los artilugios digitales… Y esto ya ocurre sin duda. El problema que se nos plantea es cómo asumimos esta revolución tecnológica. ¿Debemos transitar hacia el futuro que ya está aquí como meros consumidores-observadores o como propugnadores de un uso social de los instrumentos y tecnologías? Pero verdaderamente social, al alcance de todos, como un derecho universal asegurado por el Estado y la sociedad.


Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) nos invaden, se adueñan del mundo y lo rigen transformando presente y futuro muy a nuestro pesar o para nuestra complacencia. En ese contexto de avasallamiento tecnológico, a nosotros, los usuarios profesionales, nos corresponde desempeñar un papel, nos guste o no. Podemos ser desde pasivos espectadores hasta activos promotores, pasando por un amplio espectro dentro del cual caben usuarios y no usuarios de los instrumentos y artilugios de la sociedad Red. ¿Dónde te ubicas tú?

Quienes nos desempeñamos profesionalmente en el medio de la comunicación o en el ámbito de la educación no podemos asumir el primer papel, el de meros espectadores; y hasta podría ser que tampoco nos corresponda asumir el rol de promotores de la tecnología. Pero de lo que no cabe duda es que no podemos quedar al margen y estamos obligados a conocer y usar a fondo las NTIC pues ya no sólo están presentes en los procesos educativos y comunicacionales, sino que incluso transforman de lleno los dos ámbitos y condicionan irremediablemente su futuro.

Pero, ¿cuál es el nivel de uso que debemos darles quienes comunicamos o participamos del proceso educativo como mentores o investigadores? A no dudarlo: debemos dominar al instrumento tecnológico, las metodologías que lo incluyen y los paradigmas desde los cuales ha sido concebido y transformado.


El gobierno de Irán anunció a principios de este año 2011 que migrará todos sus sistemas a software de código abierto, es decir software libre. La razón: los ataques informáticos recibidos en su central nuclear a través de la Red de Redes.

Sabia decisión, sobre todo cuando es de sobra sabido que los sistemas operativos comerciales adolecen de "agujeros" de seguridad por los que las agencias gubernamentales de Estados Unidos pueden penetrar a la hora que se les antoje, principalmente en Windows y los programas que distribuye la empresa que lo posee. Si el lector lo duda lo invitamos a leer El Código, de Lawrence Lessig, distribuido en este mismo blog, y a compenetrarse un poco de los argumentos que Richard Stallman, presidente de la Free Software Fudation, esgrime en todas sus presentaciones a lo largo del mundo..

La toma de partido del gobierno iraní por el software libre coincide con la de numerosas administraciones públicas a lo largo y ancho del orbe que han migrado a sistemas configurados con este tipo de aplicaciones. Muchas de ellas —como anuncia Irán que lo hará— han desarrollado sus propios sistemas operativos a partir del código núcleo de Linux. Valgan como ejemplo las administraciones autonómicas de España, algunas de las cuales apoyan al sistema educativo y al sector empresarial con desarrollos a la medida de sus actividades, pero siempre dentro del software libre.


Para todos los que hacemos un uso intensivo de la Internet como proveedor de recursos de conocimiento, las páginas y portales institucionales bien organizados y ricos en información constituyen una veta invaluable. En ese sentido, desde el nacimiento de la Web misma, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha destacado por sus valiosos aportes en análisis, bases de datos, informes, imágenes y hasta en lo que respecta a la promoción del software libre, uno de los pilares que posibilitan la construcción de una sociedad más igualitaria, cuando menos en el entorno de la Red de Redes.

No olvidamos cómo hace unos pocos años (algo más de un lustro) las oficinas regionales comenzaron a implantar el uso del Content Manager System Joomla —de código abierto— como software obligatorio para la construcción de sus plataformas de comunicación on line. Una decisión que sin duda ahorró ayudó a fortalecer las finanzas de la institución al evitar el pago de aplicaciones propietarias, pero que sobre todo puso a la vanguardia a la ONU como impulsora de la construcción de la utópica sociedad del conocimiento.


¿Por qué leer la obra de Lessig? Aparte de ser el creador de uno de los más importantes sistemas de licencias libres para productos culturales (el sistema Creative Commons, de aplicación jurídica en varios países), porque sus reflexiones nos ponen en el centro de la discusión sobre la gratuidad, apertura y socialización de la Internet o su apropiación por los grandes corporativos, la prohibición de desarrollo en su entorno para quienes no sean propietarios de código y su elitización basada en el poder adquisitivo.

En otras palabras: porque leer a Lessig nos pone en la ruta de la discusión sobre uno de los principales recursos para la construcción de la sociedad del conocimiento y nuestro posicionamiento, como países subdesarrolados (o emergentes, según el gusto y tendencia), en el desarrollo tecnológico, ya sea como usuarios o como creadores con derecho sobre lo creado en los ámbitos "informacionales".


Hace unos días la empresa desarrolladora de software Microsoft ha anunciado su propiedad sobre la patente de “Legal Intercept”, una tecnología de espionaje en Internet que permite al poseedor interceptar y monitorizar legalmente llamadas de voz y video de cualquier usuario de Skype, el más importante servicio de VoIP, telefonía y videoconferencia por Internet.

Skype, hay que recordarlo, fue adquirida en el mes de mayo de 2011 por la transnacional de Gates en algo más de 5 mil millones de dólares. La compra generó ácidos debates sobre los propósitos del multimillonario al apropiarse de una empresa que no generaba utilidades (en el 2010 presentaba pérdidas mensuales de 4 millones de libras), aunque se había posicionado como la proveedora más importante de software gratuito de videoconferencia y telefonía a escala mundial. ¿Por qué?


¿Quién es Richard Stallman, además de presidente de su propia fundación?

Richard Stallman es un importante científico y catedrático del Massachusetts Institute of Technology (MIT), el centro de investigación tecnológica más importante del mundo junto con el CERN de Europa (donde se trabaja con el gran colisionador de protones).

Pero no sólo eso: Stallman es un comprometido militante de las causas sociales desde su trinchera, la investigación científica. Cocreador del sistema operativo Linux (el dolor de cabeza de Windows) junto con Linus Torvald, Stallman, a través de su fundación, provee con recursos de conocimiento a grupos y comunidades de muchos países en desarrollo. Gracias a él y los hackers que le rodean muchos desarrollos importantes de software ven la luz para posteriormente sumarse a la fila de programas y aplicaciones que sirven a la socialización del conocimiento.


Creative Commons (CC) es el nombre de una licencia, pero también de un sistema, de un movimiento y de una comunidad. Es, digámoslo con total simpleza, un instrumento que nos permite gozar legalmente de las obras de los creativos para redistribuirlas, utilizarlas públicamente, crear productos derivados con ellas, intervenirlas y hasta hacer negocios, si el autor lo acuerda así con nosotros.

Así como hay licencias GPL (General Public Licence) para convertir en "libre" y gratuito un software, hay licencias CC para liberar las creaciones de artistas e intelectuales y hacerlas llegar gratuitamente a los consumidores. El abogado estadounidense Lawrence Lessig es el creador de esta importante iniciativa dentro de las comunidades libres de Internet. Frustrado porque las licencias existentes para "liberar" el uso de un producto existían solamente en el ámbito del software libre, Lessig se dio a la tarea de construir todo un sistema que permitiera licenciar públicamente también las creaciones de los músicos, de los escritores, los dramaturgos, los pintores, los diseñadores; toda una pléyade de creativos cuyos "derechos de autor" sólo podían ser gestionados a través de los canales tradicionales, establecidos para el provecho de los intermediarios y las grandes industrias culturales.

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