En el ámbito de lo institucional, la publicación electrónica como una de las grandes aportaciones de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) se ha convertido en una importante opción que posibilita vías alternativas a la producción editorial (tradicionalmente onerosa), necesaria para dar salida a los productos de la investigación. Ensayos, productos de investigación, instructivos, manuales y cursos completos de importantes organizaciones públicas y privadas se distribuyen ahora en alguno de los formatos del e-Book, accesibles a cualquiera desde la Red de Redes, ya sea mediante pago o para descarga gratuita incluso bajo licenciamientos públicos.
A partir de estas posibilidades, numerosas redes académicas y comunitarias han comenzado a incursionar en la creación de importantes bibliotecas digitales para la sistematización del conocimiento de sus grupos y organizaciones. En muchos casos se forman reservorios de uso para grupos cerrados de investigación o de vinculación profesional; en otros, se generan iniciativas de creación colectiva y abierta, donde incluso el código de programación de las plataformas que los soportan quedan a la disposición pública; en algunos más se desarrollan importantes proyectos de largo plazo para formar plataformas de acceso universal, sí, pero cuyos códigos de configuración quedan totalmente restringidos y bajo la propiedad absoluta de sus creadores.


Nos dicen los medios que un billón de personas en el mundo se encuentra al borde de la inanición a causa del hambre, y que cada seis segundos un niño muere por desnutrición. Visto con simpleza sólo es información noticiosa. Sin embargo hay una realidad innegable: se trata de mil millones de personas al borde de una muerte evitable que agonizan en el mismo mundo donde nosotros habitamos. ¿Cuánta culpa llevamos en ello quienes bien nos alimentamos? ¿Qué hacemos y dejamos de hacer al respecto?

La Organización de las Naciones Unidas, a través de la FAO, ha planteado la necesidad de establecer nuevas políticas de alimentos basadas en el derecho a la subsistencia para todos. El problema es grave y de solución urgente, sin olvidar que las crisis alimentarias permanentes son provocadas por la volatilidad de los precios de los alimentos, la influencia de la crisis económica mundial, la crisis energética y el cambio climático. La desigualdad económica, en suma. Urge pues un cambio en el enfoque de la producción de alimentos para orientarla a los pobres y su derecho a la alimentación y a la vida.

Lo sabemos, lo vemos, ¿cómo lo combatimos? La actitud prevaleciente de la sociedad es de insensibilidad ante el azote del hambre, mientras el problema no nos ataca en la inmediatez de nuestra cómoda vida. Pero el círculo se cierra poco a poco y tarde o temprano todos seremos arrastrados, vivimos en un sistema y el destino nos alcanzará.


¿Quién diría que un burro puede servir como biblioteca y que la Internet sería su más potente canal de difusión? La lección es incuestionable: las nuevas tecnologías no necesariamente tienen que ser instrumentos de producción en los procesos del conocimiento; su gran virtud es, precisamente, su capacidad multifacética. Pueden ser canales, herramientas, métodos y, como lo dijera el gran Marshal McLuhan, mensajes en sí mismas por su condición de medios.

Para todo sirven y en todo se acomodan las nuevas tecnologías a la hora de proyectar en educación y en comunicación. Así lo demuestran los resultados de la difusión del Biblioburro, del profesor Luis Soriano Bohórquez y sus burros Alfa y Beto. Lo que hubiera sido una experiencia educativa perdida en las selvas colombianas es hoy una lección de Educación Popular que recorre inspiradoramente la Red de Redes y que incluso será llevada a un documental franco-belga-colombiano, que seguramente estaremos viendo, también, en Internet.


Acerca de una red kropotkiniana en la posmodernidad globalizadora:
Hablando de redes sociales solidarias, he aquí un magnífico ejemplo del complejo organizacional que puede desarrollarse desde los ámbitos comunitarios de la Internet libre. En las noticias sobre las recientes protestas en varios países de Medio Oriente en pro de la democracia ha resaltado el reporte sobre el uso de Facebook y Twitter como principales instrumentos de comunicación en las movilizaciones populares. A tal grado se ha medido su importancia que hasta los mismos tiranos se han dado a la tarea de imponer "apagones tecnológicos" (desconexión a Internet) en los territorios bajo su bota.

Lo más justo es señalar que no sólo las dos redes de moda son los únicos instrumentos a la disposición de esas movilizaciones, y ni siquiera los más importantes aunque sí los más utilizados. Detrás de la posibilidad de su uso está el trabajo de miles de activistas voluntarios y sus organizaciones, que han logrado configurar un conjunto de redes emergentes para enfrentar los "apagones informativos" de los dictadores.

Avaaz es una de esas organizaciones. La estrategia que lleva a cabo es una de las mejores muestras de lo que puede ser el "apoyo mutuo" (muy a la manera que lo proponía Kropotkin) mediante las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC). El software libre, hay que subrayarlo, desempeña un papel importante entre los instrumentos de los cuales echan mano en la construcción de esta base tecnológica de autodefensa popular.


Porque la copia libre es el origen de la creación social, copiad, copiad, copiad… ¡Que tiemblen los defensores del monopolio de la distribución, uno y mil autores se dejan ir de lleno hacia el territorio libertario de la cultura compartida y el procomún!... Copiad, copiad, copiad… que el conocimiento es el origen de la libertad.

He aquí un documental para todos quienes pugnamos por el conocimiento de enfoque socializador: “¡Copiad, malditos!” expone los pros y contras, posiciones a favor y en contra de la cultura de la copia libre y la libre distribución del conocimiento con autorización de los creadores. Un fenómeno que a partir de la explosión de la Web se ha convertido en uno de los más polémicos temas. ¿Copiar o no copiar?... He ahí el dilema.

Desde leyes y reglamentos persecutorios del usuario que descarga, hasta completos programas estatales para la regulación de la Internet, de todo se usa para tratar de impedir una cultura que acompaña a las sociedades desde el origen de la historia: la cultura de la libre transmisión de los saberes y los frutos de la inteligencia y la imaginación.

En “¡Copiad, malditos!” se exponen los nuevos retos éticos y morales sobre la propiedad intelectual que plantea la revolución digital. Y a tono con el tema, el documental se distribuye bajo una de las formas de licenciamiento más populares en el momento actual, Creative Commons, licencia inspirada en los esquemas de socialización del software libre pero enfocada por completo hacia la distribución compartida de productos culturales. El documental mismo es una amplia exposición sobre los pasos a seguir para utilizar esta forma de concesión de derechos.

Alianzas

Metadata
Communicare
Siglo XXI
Enlaces
Prospectiva

Academia

Alumnos
Profesores
Instituciones
Aulas
Cursos